¿Es normal no sentirse feliz después de tener un bebé?
Sí. Y es mucho más común de lo que se habla en la iglesia y en la familia.
Puedes amar a tu bebé con todo y a la vez estar triste, agotada o vacía. Las dos cosas caben en el mismo corazón.
Nadie te lo dice porque la foto del hospital no admite matices. Sales sonriendo o no sales. Y si por dentro había otra cosa, esa parte no se publica.
Lo que sientes no mide cuánto amas a tu hijo ni cuánta fe tienes.
Las frases que te lo complican
Hay tres que escuchamos casi todas, y las tres dejan a una mamá más sola de lo que estaba:
- "Disfruta, que se pasa rápido." Te dice que el problema es que no estás disfrutando bien.
- "Mira qué bebé más sano." Te dice que si él está bien, tú no tienes derecho a no estarlo.
- "Si de verdad tuvieras fe, ya se te hubiera quitado." Esta es la que más duele, porque convierte el cansancio en un fallo espiritual.
Ninguna de las tres es mala intención. Pero todas te mandan el mismo mensaje: cállate.
No todo lo que sientes se llama igual.
Nadie te enseñó a distinguirlo, y por eso muchas pasan meses creyendo que están exagerando. Esto no es un diagnóstico. Es vocabulario, para que sepas qué estás buscando y a quién pedírselo.
Tristeza posparto
Los primeros días lloras por todo y no sabes por qué. Las hormonas bajan de golpe y el cuerpo lo paga. Suele irse sola en una o dos semanas. Es lo que en inglés llaman baby blues.
Depresión posparto
Esta no se va. Pasan las semanas y sigue ahí, o se pone peor. Dejas de disfrutar lo que disfrutabas, duermes mal aunque el bebé duerma, y por dentro se siente más plano que triste. Puede empezar el primer mes o aparecer un año después. Esto se atiende con un profesional, y se atiende bien.
Ansiedad posparto
De esta casi nadie habla. No es tristeza, es alerta. El corazón acelerado, levantarte a mirar si respira, la sensación de que algo malo va a pasar y no sabes qué.
Y los pensamientos intrusivos: imágenes horribles que se te meten en la cabeza sin que tú las llames, y que te dejan con un miedo que no te atreves a contarle a nadie.
Eso se cuenta. No a quien te vaya a juzgar, sino a un profesional que sepa de posparto. No te lo guardes porque te da vergüenza.
Qué hacer con eso
Lo primero no es arreglarlo. Es dejar de discutirlo contigo misma.
No tienes que elegir entre amar a tu hijo y echarte de menos a ti. Esa pelea no existe fuera de tu cabeza, y mientras la peleas gastas la poca energía que te queda.
Después, y a tu ritmo, ayuda decírselo a alguien en voz alta. No para que te arregle. Para que exista fuera de ti.
Si esa tristeza es más de lo que puedes cargar sola, busca apoyo profesional. Esto es acompañamiento, no es terapia ni tratamiento de salud mental.
En Estados Unidos puedes llamar o escribir al 988 a cualquier hora del día o de la noche.
Si esto te sonó
Hay un libro que empieza en un funeral que nadie vino a acompañar.
Se llama La Traición a la Mamá Cuidadora, y ese es el título de su primer capítulo. Trata del duelo que no se viste de negro: el de la mujer que se rompe en privado y funciona en público.
Fe práctica para hacer el duelo, poner límites y recuperar tu identidad. Termina con los 10 Límites de la Mamá Cuidadora, cada uno con una cosa pequeña para hacer hoy.
Lee el capítulo 1 gratis antes, si prefieres.
Lo que necesitaba leer a las tres de la mañana.
No lo encontré en ningún lado, así que lo escribí. Te mando el primer capítulo completo, gratis y en PDF.
¿Prefieres empezar por otro lado? Mira en qué temporada del posparto estás, son seis preguntas y dos minutos.