Me convertí en mamá.
Y tuve que volver a conocerme.
Puedes saber mucho de salud mental y aun así perderte cuando te toca a ti. Eso me pasó.
El posparto me movió el piso de maneras para las que nadie me preparó. Sabía ponerle nombre a casi todo lo que sentía. Y aun así seguía ahí, en el mismo lugar. Me tomó más de un año volver a sentir que era yo.
Por eso camino con mamás que están donde yo estuve, para que se sientan acompañadas mientras descubren que la mujer detrás de mamá sigue ahí.

El día que mi vida no volvió a ser igual.
No fue el parto que había romantizado. Fue una cesárea, y me quedé casi una semana en el hospital.
De ese día no publiqué ninguna de las dos.
Nadie me dijo que una parte de mí iba a morir ese día.
Mi identidad.
Que después no iba a reconocerme.
Me cuidaron. Las enfermeras estuvieron. Mi familia oró. No me faltó gente. Lo que me faltó fue el nombre.
Nadie me habló de matrescencia. Nadie me dijo que la mujer que se levantaba de madrugada ya no era la misma que se había acostado antes de parir.
Y dos meses después perdí a mi papá.
Ahí ya no era solo el posparto. Era todo junto. Yo apagada por dentro, sosteniendo a una bebé que dependía de mí, sin fuerzas para sostenerme a mí misma.
Estuve mucho tiempo en un lugar oscuro. No estaba viviendo. Estaba sobreviviendo.
Y no era un duelo. Eran dos.
El de la mujer que fui antes de ser madre. Ese nadie lo llama duelo. Ni siquiera yo sabía que lo estaba viviendo.
Y el de mi papá. Ese te despedaza, y todo el mundo lo ve.
Nadie me enseñó a cargar los dos al mismo tiempo.
Si estás leyendo esto desde tu propio lugar oscuro, quiero que sepas que yo salí. Y que no salí sola.
Quiero el capítulo gratisUn correo. Nada de spam.
Lo que ningún libro me enseñó.
Yo sabía ponerle nombre a lo que sentía. Sabía de dónde venía, por qué pasaba y qué se supone que uno haga.
Me había pasado años estudiando cómo funciona una persona por dentro. Había hecho estudios posgraduados en psicología y me había certificado en coaching de resiliencia.
Pero nada de eso me preparó para mirarme al espejo después de convertirme en mamá y preguntarme:
¿Dónde quedé yo?
Saber lo que te pasa no te saca de ahí. Yo tenía las palabras. Lo que no tenía era quién caminara conmigo.
De esa falta de compañía salieron los libros que escribo hoy. Lo que necesitaba leer a las tres de la mañana y no encontré en ningún lado.
Puedes tenerlo todo claro y aun así necesitar que alguien camine a tu lado mientras vuelves a encontrarte.
Y hay algo que me tomó tiempo entender, aunque lo había estudiado.
Lo que sientes no es una sentencia. Es una señal.
Y toda señal apunta a algún lado. Cuando entiendes de dónde viene lo que estás sintiendo, deja de ser una condena y empieza a ser un camino.
Y no me pasó solo a mí. Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos siguieron a 5,000 mujeres durante tres años. Una de cada cuatro estuvo donde yo estuve. Ninguna estaba fallando. Todas estábamos dentro de algo que ya tiene nombre y que en español casi nadie dice en voz alta.
Por eso nació Mamá con Asignación™.
No lo escribió la que tenía todas las respuestas. Lo escribió la que se estaba reconstruyendo mientras aprendía a ser mamá.
Hoy uno mi formación, mi experiencia y mi fe con algo que para mí tiene todavía más valor: haberlo vivido.
Hice estudios posgraduados en psicología en la Universidad Carlos Albizu. Me certifiqué en coaching de resiliencia con el International Coaching Institute PR, 125 horas de formación acreditadas por la International Coach Federation. Y después la vida me enseñó lo que ningún salón me pudo enseñar.
No vengo a decirte cómo deberías sentirte. Vengo a acompañarte mientras te vas encontrando.
No tienes que volver a ser quien eras.
No sé qué está haciendo Dios en tu vida ahora mismo. No me toca adivinarlo. Lo que sí está escrito es que la obra que Él empezó en ti, Él la termina.
Yo no conozco tu camino. Dios sí.
Solo soy una vasija que también se rompió, que Él reconstruyó y que hoy puede caminar a tu lado para que no tengas que hacerlo sola.
Dios no ha terminado contigo.
"El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará." Filipenses 1:6
El posparto no te borró. Te reveló.
Si lo que sientes es más de lo que puedes cargar sola, busca apoyo profesional. En Estados Unidos puedes llamar o escribir al 988 a cualquier hora.