Tu identidad en Cristo cuando ya no te reconoces.
Lo que Dios dice de ti no cambió el día en que tú dejaste de sentirlo.
¿Qué es la identidad en Cristo?
La identidad en Cristo es quién eres según Dios, y no según lo que haces, lo que sientes o lo que otros esperan de ti. No se gana con esfuerzo ni se pierde en una mala temporada: es algo que Él declara sobre ti, y sigue siendo verdad el día en que no lo sientes.
Esa última parte es la que casi nunca se dice en voz alta. Se predica la identidad como si fuera un interruptor: te lo crees y ya. Y después te levantas un martes cualquiera sin acordarte de nada de eso, y piensas que el fallo es tuyo.
No lo es. Lo que se apagó no fue la verdad. Fue tu capacidad de sentirla, que es otra cosa.
Mi identidad en Cristo: ocho cosas que Él ya dijo de ti
No son frases para repetir hasta creértelas. Son hechos que ya estaban escritos antes de que tú tuvieras una mala noche.
- Eres hija de Dios.
No empleada, no voluntaria, no la que ayuda. Hija. Juan 1:12 - Eres nueva criatura.
Lo viejo no se maquilla, pasa. Lo que llevas encima no es tu nombre. 2 Corintios 5:17 - Eres hechura suya.
No un borrador. No un intento. Una obra. Efesios 2:10 - Te escogió antes de que existieras.
Antes de que pudieras servir, rendir o fallar. Efesios 1:4 - Tu vida está guardada con Él.
En el sitio más seguro que hay, y no lo sostienes tú. Colosenses 3:3 - No hay condenación sobre ti.
Ninguna. Tampoco la que te pones tú sola de noche. Romanos 8:1 - Fuiste formada a propósito.
Tu cuerpo, el que hoy no reconoces en el espejo, es obra suya. Salmo 139:14 - Nada te separa de su amor.
Ni el cansancio, ni la duda, ni el día en que no pudiste orar. Romanos 8:38-39
¿Cuál de las ocho te costó más creerte?
Esa es la conversación. Si quieres seguirla, el primer capítulo de mi libro te llega gratis a tu correo.
Quiero el capítulo 1Por qué una mamá pierde esto de vista
Porque la maternidad te cambia el nombre. Dejas de ser llamada por el tuyo y pasas a ser "la mamá de". En la casa, en la escuela, en la iglesia. Y después de oírlo mil veces, empiezas a contestarte a ti misma igual.
A eso se le suma algo concreto: tu cuerpo se reorganizó entero, tu cerebro cambió y tu sistema nervioso aprendió a vivir en alerta. Eso tiene nombre, se llama matrescencia, y nadie te lo explicó.
Entonces pasa esto: tú sabes la teología. Podrías dar la clase. Pero la mujer que se levanta a las tres de la mañana no se la cree, porque está agotada, no porque sea incrédula.
Tu identidad no se perdió.
Se quedó debajo del cansancio.
La parte psicológica de esto, la de volver a reconocerte, la cuento aparte en cómo recuperar tu identidad después de ser mamá. Esta página es la otra mitad: la de quién dice Dios que eres mientras tanto.
Tener fe y no sentirla
Hay una frase que circula en demasiadas iglesias y hace un daño enorme: si de verdad tuvieras fe, ya se te hubiera quitado.
Es mentira, y además es cruel. Un cuerpo agotado produce síntomas. Un sistema nervioso en alerta produce síntomas. Meses sin dormir producen síntomas. Ninguno de los tres mide cuánto crees.
La ansiedad, la tristeza y el agotamiento no son prueba de poca fe. Convertirlos en un fallo espiritual solo le añade culpa a una mujer que ya venía cargada.
Si eso es más de lo que puedes sostener sola, busca apoyo profesional. Esto es acompañamiento, no es terapia ni tratamiento de salud mental. En Estados Unidos puedes llamar o escribir al 988 a cualquier hora.
Elías pidió morirse de puro agotamiento y Dios no le mandó un sermón: lo dejó dormir y le dio de comer. Primero el cuerpo. Esa historia la cuento entera en lo que dice la Biblia sobre el cansancio de una madre.
"¿Por qué oro y sigo sintiéndome igual?"
Es la segunda de las tres preguntas con las que trabajo en ELEVADA™: una hora privada, por videollamada, solo tú y yo. Sales con tu plan escrito.
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No con una rutina nueva. Ya tienes bastantes.
- Separa el hecho del sentimiento. "Hoy no me siento hija" y "hoy no soy hija" no son la misma frase. La primera es cierta y se pasa. La segunda no es cierta nunca.
- Escoge una sola. De las ocho de arriba, quédate con la que más te cueste creerte. Esa es la que te hace falta, no las ocho.
- Dísela a alguien en voz alta. No para que te la discutan. Para que exista fuera de tu cabeza.
Eso es todo. No hay nivel dos.
Lo que necesitaba leer a las tres de la mañana.
No lo encontré en ningún lado, así que lo escribí. Te mando el primer capítulo completo, gratis y en PDF.
¿Prefieres empezar por otro lado? Mira en qué temporada del posparto estás, son seis preguntas y dos minutos.